Vendetta

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Vendetta

Mensaje por Eustass Kid el Jue Ene 03, 2013 1:23 pm

—Los rayos de sol se colaban por el tejido de aquellas telas que actuaban como cortinas en aquel antiguo carro. Tumbado sobre un montón de paja se encontraba el pelirrojo, con la mirada puesta al techo y jugando a lanzar un pequeño tornillo de metal contra la pared. Necesitaba hacer tiempo hasta que dieran las once en punto, hora a la que abrían todos los mercaderes de aquel reino conocido como Nastrand. Una vez allí solo necesitaría buscar y destruir a aquella rata conocida como "Beth Armstrong".— Se acerca tu hora... Elisabeth. — murmuró Eustass mientras recogía el tornillo que previamente había lanzado y lo estrujaba con fuerza. Posteriormente observó el reloj que marcaba las diez y media, poco faltaba ya para para la hora acordada. Debía ponerse en marcha lo antes posible—.

—Eustass se levantó, sin prisa, se acomodó el abrigo y se apretó las gafas de ingeniero de tal forma que el cabello quedase totalmente de punta. Sin duda alguna hoy le esperaba un dia bastante ajetreado pero no por ello menos peligroso, pues tratándose de "Eustass Kid" siempre debía permanecer atento a todo lo que sucedía a su alrededor. Tras cordarse las botas fuertemente, se bajó del carro y comenzó a caminar siguiendo aquel camino lleno de rocas y piedras que, según sus cálculos lo llevarían hasta el centro de Nastrand. A los pocos minutos consiguió divisar una enorme muralla de piedra, adornada con varias inscripciones antiguas y dos grandes torres donde dos guardias vigilaban la zona. Al percatarse de esto último Eustass se puso a cubierto y pensó una estrategia para entrar al reino sin levantar sospechas.— ¡Mierda! —murmuró mientras seguía pensando como colarse en aquella especie de fuerte. Por aire, bajo tierra, habían muchas alternativas pero pocas a su alcance y más aún estando tan lejos de las torres de vigilancia. Cinquenta metros, más o menos, los separaban y Eustass seguía igual de desesperado. No sabía como cojones atraer la atención de los guardias... ¡Eso és! Necesitaba atraer su atención. Tras elevar su brazo derecho y pronunciar una palabra en un idioma arcaíco los metáles circundantes comenzaron a agitarse y a levitar, despojando a los guardias de sus escopetas de gran calibre y obligándoles a correr tras ellas. Aprovechando dicha distracción, Eustass comenzó a correr hacia la puerta y una vez allí se mezclo entre el gentío intentando localizar a aquella mujer. Mientras tanto los guardias consiguieron agarrar sus armas que por aquel entonces seguían levitando por el cielo para posteriormente volver a sus respectivos puestos de vigilancia.— ¡Aparta de mi camino! —gritó Eustass mientras se abría paso entre el gentío, pues había localizado a Elisabeth entrando a una taberna cercana. Al verla el pelirrojo aligeró el paso, pues no debía dejarle ninguna oportunidad puesto que era tan astuta como escurridiza. Tras entrar en la taberna pudo ver como se sentaba en la barra y pedía una copa, pobre ilusa, ¿acaso pensaba que podía traicionar a Eustass Kid y escabullirse sin problemas? Este último se sentó en una de las mesas que se situaban cerca de la entrada y simplemente esperó a que Elisabeth se separase del gentío mientras él disimulaba leyendo un periodico. La espera no se hizo eterna, de hecho a los cinco minutos la mujer decidió ir a los aseos a lo que Eustass reaccionó siguiendola sigilosamente, sin levantar sospechas.

Ahora que ese "Kid" está entre rejas todo será más fácil para nosotros — pronunciaba la joven mientras se lavaba la cara y se miraba en el espejo. Para su sorpresa, al volver a mirarse en el espejo pudo ver al pelirrojo sonriendo maliciosamente —¿Qu-Que haces tu aqui? — dijo Elisabeth mientras retrocedía lentamente. — Vamos, creía que eras más inteligente. ¿Acaso creías que conseguirías escabullirte de mi? Después de todo tu fuiste la que me traicionó.—le contestó mientras la agarraba del cuello y la estampaba contra la pared, elevándola varios centimetros sobre el suelo. Elisabeth no sabía que decir ni que pensar, de hecho apenas podía respirar a causa de la presión que Eustass ejercía sobre su cuello.— Lo si-siento... — intentaba pronunciar la joven mientras intentaba zafarse del pelirrojo sin embargo ya era demasiado tarde pues Eustass aumentó la presión sobre su cuello provocandole la muerte por asfixia. Posteriormente abandonó el lugar, no sin antes coger aquel manuscrito del bolsillo de Elisabeth.
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